Entro y, sonriente, digo hola al kiosquero desconocido.
- Que linda voz - me responde. Él también sonríe.
Mientras el sol me hace fruncir el ceño, el kiosquero me da charla. Me dice que se me nota contenta, que asi como los ojos, la voz de la gente es un espejo, que el lo nota ahí, detrás del mostrador, con la manera en que lo saludan, que debo cantar lindo, cantás? Seguro que cantás.
Yo sigo sonriendo.
Le contaría un montón de cosas sr. kiosquero, le contaría que estoy angustiada y mareada, que me la paso hablando por telefono y tachando cosas de la lista de pendientes, que quisiera parar la motoneta un poco, que hay dias que me quiero bajar del mundo.
Pero tiene razón, así y todo (¿por qué?) estoy contenta. Que sí, que canto, que llego a mi casa y, descalza, canto fuerte. Que mi caudal agudo sale limpio por la garganta. Que monto un show íntimo, una ceremonia para mí sola, y fush! Algo me pasa: lo amargo se torna dulce y entonces, como una aparición, puedo ver lo grandiosa que podría llegar a ser. Me lo propongo, me lo propongo cada día. Me lo propone la vida también, y yo le digo que sí, que canto y que estoy contenta.
Pago una Cindor y me voy. Doy las gracias al kiosquero.
Laralaila.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
5 comentarios:
El canto siempre me resulta muy liberador. cuando tenés esa opresión, cantar la saca. Como si el aire contenido adentro encontrara la forma de salir y, al mismo tiempo, darte unos compases para moverte. Últimamente, mi guitarra volvió a sonar bastante.
No sé dónde leí a alguien que decía que la música nos habla directamente, porque se mete sola en nuestras fibras, las mueve sin nuestro permiso.
A cantar. Auqnue desafinemos, total nadie lo sabe.
Cantar cantar y cantar descalza y tomando cindor fría con galletitas de limón.
Besos, lale
Cantar haciendo camino....
sólo paso a decir que ahora quiero cindor!!! (y que actualices, sin presión, pasito a paso)
y, ah! FELIZ DÍA COMPAÑERA!!
ja! lo único que falta! que se le adjudique la epifanía a un kioskero charleta... ya lo dije: tenés un no se qué bailarín...y se te nota, por más angustiada y mareada que estés, es cierto, sr. kioskero, la voz no miente.
Publicar un comentario en la entrada